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viernes, 3 de agosto de 2012

Se me cae la poesía de las manos


(Ceci n'est pas une poésie)

No me gusta la poesía,
pero aún así hoy me guardo mis gustos
en una bolsita de cuero donde me gusta guardar
las cosas que no me gustan.
Va a ser fea, con repeticiones
que horrorizarían a los amantes.
De la poesía.
También va a tener erroresss.
De puntuación y de otrografía, porque esta grafía no me gusta.
Y así voy confeccionando una de las (¿obras?) más horribles que se hayan creado,
sin escatimar en palabras insulsas y vacías, tal vez sea este malestar surgido de la
mismísima nada, o desde la mismísima cama, y que intento deshacer tecleteando
palabras que ni siquiera existen, cansado y aburrido, en uno de esos días en los que
nada sale bien, vos me entendés. Si llegaste a este punto la verdad que te felicito, yo
a estas alturas ya hubiese abandonado la lectura, pero ¡ojo! Todavía estás a tiempo. En
serio, andá, no me enojo. Es lo más sensato que podés hacer en un día como hoy, podrías
ir a alimentar a tu gato, o tomar mate con manzanas en la cabeza de un señor entrajado.
¿Qué pensaría Satanás si existiera?
Debe ser una especie
de
Dios
que
juega
en un abrir y cerrar
de ojos.
¡Pum!
Ya.
Jah. Abrí los ojos. Despertá al mundo que ya lleva un siestón de la puta madre.
Te diría que el mundo es un triángulo pero este poema no se lo merece.
Te diría que te amo, pero te mentiría. Yo no amo.
Yo no, amo.
Libérame, esclavo.
La jaula está abierta y yo aquí adentro, jugando con la llave.
Un exceso de puntos.
Cayendo.

lunes, 16 de julio de 2012

En la frontera del mundo


Y si pensás que por ahí llegaste al límite de lo inexplicable tras haber recorrido un largo trecho humeando y arreglando cosas, artefactos únicos en su especie que bien podrían ser dignos de la obra steampunk de un retorcido autor checoslovaco, atrofiado, desolado, muriendo a la deriva, solo, lleno de gente, tocando la tuba, apocalipsis del neo tiempo. Fugados en do menor, rojos centelleantes ardiendo en su sol, fulgurantes, vivos, japoneses en su estado puro. Vos, voz, voz de luto gravemente trajeado en procesión crucificando egos a su paso, dejando el rastro, la huella, tranquila, de quien llega a viejo con la frente bien alta. Un pez en una licuadora llamada espacio, moléculas bailando en un tap ligado a bellos acordes menores danzantes de un arpa hadesiano, vivos rayos de quien controla el equilibrio, concentrándose en un punto, reflejo de tu interior, reflejo de la luz que viene del más acá.

Cuando la tapa de tus sesos se encargó de volar, si, volar astronómicamente y avanza a miles de años luz pasando Deneb, acelerando, llegando a los límites, expandiendo su ser, creciendo exponencialmente a niveles que dan miedo por su veracidad, sigilosos, obreros, hormigas overmind motivados por la mano invisible de la natura, de Kwan Yin, una flor roja en un campo verde, un río que empalaga tus sentidos. Verde es el color que te motiva, verde es el sentido de la vida. Sos verde y tal vez no lo sabés, sintiendo una melodía que te parte los sesos, dejando de pensar, viviendo de verdad, como nunca antes lo habías hecho, por que nadie te lo enseñó, porque nadie te dijo de verdad como tenía que ser, porque realmente nadie lo sabía, porque automatizamos las enfermedades babilónicas, pestes bubónicas que contaminan la ciudad y un país, una nación.

Se va trasladando de generación en generación, se mueve, pero un contrapeso logrará llevar toda esa energía concentrada hacia otra dirección, tal vez correcta, tal vez errónea, tal vez la única dirección que puede tomar. Si es así, tal vez ya esté muerto, tal vez 24 vueltas a un mundo no sean suficientes, tal vez son 82 o 140, tal vez no sea ninguna, quizá es un sueño, un recuerdo... un sentido o dos o diez que llegan y se van, ultimados por una sobredosis de tiempo y mente que juegan con vos, te violan, te maltratan, te encierran en una jaula sin dejarte probar la libertad, te dejan que te pudras, experimentan con tu ser, juegan a ludovico, manejan tu pensamiento y tu sentir que asegurás es tuyo, pero está tan lejos de la realidad... un montón de juegos para que voluntariamente estés de su lado, entregues tus datos para el manejo, para direccionar el rayo de oscuridad de la linterna que jamás fue construida.



Un día miraremos al horizonte y comprenderemos que no hay nada que comprender, que las paradojas están hechas para ser disueltas, que hoy podemos no existir y seguir viviendo, que hoy es hoy y nada más, que el mañana y el ayer no existen, que es totalmente ilógico creer que la responsabilidad es estudiar duro para conseguir un buen trabajo, trabajar muy duro como un esclavo y no conseguir el dinero suficiente para mantener más de una persona, simplemente para encerrarte más y más en tu jaulita con el temor que te inculcan los medios para salir a conocer más allá, para ampliar tus horizontes, y ahí nos vamos quedando, conformándonos con la vida que nos "tocó" vivir, con la bonita jaula de colores, y mirá que bien que huele, que lindos barrotes dorados, que buena latita de picadillo con agua pseudo fresca para beber...

Allá afuera hay algo más, responsabilidad es hacerse cargo de la vida, de vivir el momento, de estar acá, ¿por qué cuesta tanto estar aca en este preciso momento? si no existe nada más, quizá la esquina no está en la esquina, quizá el resto de las personas no existen, pero tu respiración te dice que estás acá, que vivís, ¿Qué tiene que ver ese cacho de materia gris? Un montón de arrugas adentro de tu cabeza, complicando tu existencia, tu verdadera existencia, marginándote y haciéndote creer, haciéndonos creer que la responsabilidad es ser un soldadito del sistema, vivir feliz en babylon con un buen sueldo, la casa hipotecada, el auto que no puedo pagar, la esposa que se acuesta con el jardinero, yo que agarro la primera clienta que me hace ojitos, el hijo re duro en los fines de semana para escapar de esa carrera de la rata que parece no tener fin... hay un camino alternativo, es difícil, lo sabemos, pero si lo sabemos ¿Por qué tanta resistencia? ¿Por qué tanto dolor? ¿Por qué tanto sufrimiento? ¿Por qué tanta búsqueda de placer? ¿Por qué la búsqueda? ¿Acaso es necesario buscar? ¿No es suficiente con el universo interno? ¿Realmente necesitamos algo de allá afuera? ¿Realmente necesitamos algo? ¿Realmente necesitamos? ¿Realmente? ¿Qué es la realidad?

No, no es eso, va por otro lado. La de verdad va por otro lado, es el curso natural de las cosas, la naturaleza en su máxima expresión. Los árboles son los maestros más sabios que podemos tener, contienen todo en su simbolismo, son etéreos, eternos. Un árbol , una semilla, el fruto, la sombra, las raíces, el crecimiento, el abono, el humus, la tierra, los nutrientes, el agua, la natura. Natura somos, de ella venimos, hacia ella vamos. El vientre inmaculado, el génesis del cosmos, la virgen big bang maría, la concha de Dios, el flujo constante de la vida, la fuente de la que todo emana, el zen manifestándose, el camino, el Tao.

viernes, 30 de marzo de 2012

Vanitas Vanitatum



Sonidos lejanos, casi de tercer tipo, llegan a mis oídos, a mis neuronas, tan puros, tan extraños. El eco que reclamaba Ofelia al entrar al laberinto, llenando de magia la atmósfera fría de la ciudad guerrera. Pasos acercándose, llevan a la niña a otro mundo, a otro sueño, dejando en el camino esas luces y sombras de un cuadro barroco del siglo XVII. Vanitas vanitatum, la fugacidad de la vida que se va con la flama de la vela roja de una piedra que refleja el fuego-juego de los que juegan a ser niños nuevamente. Inocencia ininterrumpida, elefantes buscando su destino, haciendo su destino, destinados a elegir su destino, atinados en las formas y viajando por un multiverso de sensaciones. Cabellos cortos, cabellos largos, negros, rubios, castaños, enrulados, lacios, salvajes, desprolijos, peinados. Miradas intensas, penetrantes, miradas perdidas, divagantes. Pasos firmes, pasos cortos, pero pasos al fin. El fin está en el principio y sin embargo uno continúa, alquimistas de la vida y de la muerte, nuestros signos se entremezclan y llegan a una tercera fase de dialéctica, vacaciones con paraguas y un vasito de agua que contiene lo que debe callar. Con gran esfuerzo puedo cantar mil cosas que jamás entenderé, podría girar o volar o gritarle al mundo quien soy, pero no es ese el resultado, no es ese el cambio. Cuando uno o dos o veinte o mil llegan a un mismo punto, ese punto que comienza y culmina y vuelve a comenzar, la espiral vita que refleja la fuente interior, sabremos, simplemente sabremos.

sábado, 21 de agosto de 2010

El viaje eterno



Comienza a rodar. Va despacio y luego acelera. Comienza a ganar volumen mientras desciende siguiendo esa curvatura, nunca se imaginó que viniendo de donde viene llegaría tan lejos.. Se suma otra, pero esta vez desde el otro lado. Es el mismo patrón, a fuego lento, despacito pero constante, como un buen asado. Pero no se trata de asados, está muy lejos de esa tradición dominguera, de familias y de amigos. No, esto es todo lo contrario. Siguen su curso mientras se van alimentando a su paso. La gravedad hace el resto, mientras otra más se dispone a jugar una carrera con nuestra protagonista. Perdí la dimensión del tiempo, parece una eternidad, un instante. Un instante, eso es. Un instante eterno, todo se detiene y los recuerdos que se siguen sucediendo como un torbellino, una catarata de imágenes, un aroma, ese anillo, las tazas con el café humeante.. se superponen pero forman un todo, el esquema completo que se va formando en el subconsciente, los miedos, la bronca, los lamentos por aquello que no se dijo. Eso, eso es lo que más duele. Un nudo en la panza que no se desata con comida, pero es un castigo que asumo con dolor.

Mientras tanto, ellas siguen con su carrera, 9,81 metros sobre segundo al cuadrado, se funden en una sola, que se agiganta. Una carga emocional alta, en el otro lado sucede lo mismo. Las cataratas que siguen, las nubes aportan su proyección de sombras, esas del pasado que salen a flote cuando te bajan las defensas. El pintor que prepara ese plateado corotesco.. o milletesco? No lo recuerdo, poco importa la gráfica cuando se forma la tormenta, que comienza a largar esas gotas gruesas que golpean, lastiman. Retumban en mi pecho, es lo único que logro escuchar. Incrementan su fuerza, ya no hay paraguas que aguante la potencia de las lágrimas que siguen cuesta abajo, acelerando, rodando por la curvatura de mis mejillas hasta estallar en el suelo.
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