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martes, 8 de mayo de 2012

Neo fuego


Sentir como la luz se va apagando, la llama consumida se pierde entre los maderos de un árbol roído por el tiempo. La caída seca, lenta, talado por los tobillos. El cuerpo recto, la cabeza-delay manteniendo su verticalidad, la gravedad haciendo su trabajo. Vacío. El polvo y los pájaros se elevan y huyen del pozo, tal vez siempre fue eso, tal vez siempre fue evasión. La madera se gasta, combustible terminal que alcanza para arder en un sistema obsoleto de quienes se integran al ruido o las nueces del alma. Una línea de la copa a las nubes, halo o hilo dorado del que pende y se tambalea, titiritescos movimientos pendulares al designio de algo que está por encima de él. Se estrella contra el pavimento, derrumba paredes, rompe ladrillos con la cabeza, cascos vikingos llegan a él fortificando la muralla construida a su alrededor, infranqueable, meditada. Retorciéndose como el viento llega al fin de su tiempo, y retrocede en sinoidal caída hasta el pozo negativo de la función. El ciclo se renueva, sale disparado en cenital movimiento y se va por la tangente, astronauta cósmico acelerando constantemente, llega al cinturón de asteroides y sigue, firme, con un hacha en la mano, rasgando sus vestiduras y alimentando el nuevo fuego universal.

miércoles, 9 de marzo de 2011

Perfume: los mitos finalmente revelados


El perfume, adicción de algunas personas, la némesis de otras, siempre se las arregla para estar presente en nuestra vida cotidiana, pero... cual es la verdad detrás del perfume? Vení, acercate al fogón que yo te cuento. Dice la leyenda que hace muchos, muchos años, en una extraña región llamada París, habitaba un monje que padecía de un olor a chivo espantoso. Marchitaba las plantas al pasar, los cuerpos entraban en descomposición, la tierra se volvía infértil, en fin como te podrás imaginar una baranda de aquellas. Un buen día este señor encontró un frasquito con un líquido medio extraño. Fiel a la curiosidad innata de estos seres conocidos comunmente como "personas" decidió abrirlo.

(Cámara subjetiva desde adentro del frasco zigzagueando hacia afuera hasta las fosas nasales del monje) - Puaaaaaaaaaaaaj, que demonios es esto? .- dijo totalmente disgustado. El olor putrefacto pudrió su prominente napia hasta niveles astronómicos, provocando su fruncimiento acompañado por un gesto de boca y una arcada. El anti-aroma penetró duramente en el monje, tanto que logró neutralizar su propio hedor nauseabundo. Plimp! hizo la lamparita que estaba arriba de su cabeza. Sin querer se había apoyado en el interruptor, pero la luz que lo encandiló ilustró perfectamente la idea que se le había generado en los confines de su cerebro. Si lograba concentrar un olor del mismo tamaño que el propio, podría neutralizarlos y pasar desapercibido ante las poco agraciadas plantas que debían convivir con él. Entonces puso manos a la obra, pero aún le faltaba un nombre a su descubrimiento.

En otro buen día, un caminante que pasaba por allí le preguntó por Penélope, pero como no estaba en el pueblo y se sentían un poco solos, bueno, esteeem, se quedaron charlando. Esas ideas que tenes eh? Bueno, la cuestión es que el viajero andaba con mucho opio del poderoso, y se quedaron fumando en una pipa gandalfesca mientras iban y venian los barcos hechos de humo, navegando por mares de humo llenos de peces de humo con sus tripas de humo. Ya iban tomando confianza y el monje decide contarle acerca de su creación.

- Uhh que bueno loco, tenemos que armar una empresa con esto - dijo el viajero.
- Es buena idea, pero hay un problema... las empresas todavía no existen! - observó atinadamente el monje. 
- Bueno, bueno, está bien, como es que se hacen las cosas en esta época? - preguntó retóricamente el caminante capitalista mientras buscaba algo en un libro - acá está, si querés lo que podemos hacer es lo siguiente: vos fabricas varias copias de este invento y yo lo doy a conocer en el mundo!
- Mmm bueno, pero necesita un nombre todavía - dijo el medio huevón monje.
- Llamémoslo "la fragancia que desvela la cornisa de fuego latente en cada neurona pulmonar del universo" - dijo el viajero ayudando su expresión con un ademán del brazo derecho.
- Vos estás fumado, es más, diría totalmente fumado... teniendo en cuenta el prefijo "per-", que denota intensidad o totalidad, diría aún más atinadamente que estás per-fumado. - sentenció el oloroso lugareño.
- Ahí está! perfumado! si estoy perfumado con este producto que hiciste, significa que es perfume! - exclamó entusiasta el caminante mirando su reloj infantil. - Oh, ya se me hizo tarde, debo irme - le dije al monje y desaparecí de su vista dejando un halo amarillento tras de mí. 

lunes, 21 de febrero de 2011

Luz naciente


El contorno de mi mano me da risa. Es como si fuera a estallar or something, de repente se enciende con todos esos colores brillantes que empalagan mi vista. De dónde sale tanta luz? El interruptor debe estar por aquí en alguna parte. Mi rodilla derecha comienza a titilar, como si fuese uno de esos carteles de neón de una ciudad yankee. Hasta allá llego y me pierdo por sus calles. Un pasadizo oscuro llama mi atención y al acercarme ahí una mano me agarra de la camisa y me lleva adentro. Oscuridad. Algo comienza a romperse. Finalmente veo luz, luz y unas alas. Alas que me cobijan. Se siente muy placentero, no hay de que preocuparse. Dejo atrás el huevo y con mi pico comienzo a hurgar la comida que regurgitó mi madre. En otro cuerpo me hubiese disgustado, pero parecía tan natural... ALERTA!! Me succionan desde los cielos e ingreso a una boca humana. Mi cuerpo en forma de spaghetti se desmiembra para bajar por el ascensor hasta el estómago. Tantos líquidos y un llanto, que interrumpe mis pensamientos. Es mi llanto. Nueva luz y a los brazos de mi madre. Destapo mis pulmones y no termino de entender por que lo hago. Es solo lo que siento, eso y nada más, como si no existiera otra cosa en el universo. Implosiono y mis partes pasan a formar nuevos elementos, el polvo se condensa y en millones de años o un instante los nuevos planetas y estrellas comienzan a moverse. Por qué lo hacen? Será que no tienen otra cosa que hacer? Lo cierto es que giran, como giran las ideas alrededor del cuerpo, orbitando libremente hasta que la red las recoge y las materializa.
Nueva luz para el contorno de mi mano.

miércoles, 4 de agosto de 2010

Juan Ward


Todo gira. Pasa la pantalla de la computadora, el escritorio, la ventana, la mesa, el televisor y nuevamente la pantalla de la computadora en un ciclo que parece no tener fin. Gira y acelera, y mis tripas retorciéndose hasta vaciar los intestinos y todo resto de comida de la cena. Un reloj en la cabeza, latiendo en su diastólico movimiento que comienza a retumbar como quien grita en la montaña. Resuena en mis vísceras, es un redoblante militar, el cielo nublado que es testigo de la marcha de miles de uniformados que al unísono y sin pronunciar palabra se encaminan hacia el mar, girando sobre su propio eje los fusiles, dispuestos a llegar hasta las últimas consecuencias. Es ensordecedor, golpe a golpe, pero sin versos. Autómatas caminando sobre mi cabeza, la aplastan y siguen, con lo que me queda de vida vislumbro los charcos de sangre que manchan los zapatos de los marchantes, inmutables, vacíos. A medida que mi cerebro comienza a despedirse de su fluído cefalorraquídeo mis ojos se van estacionando en ese pájaro, el olor a sangre que penetra mis huesos, el macabro sonido de los pasos, izquierda y derecha, y los fusiles que van calentando las manos de sus portadores. "La muerte está cerca" pienso, y recuerdo al viejo aquel que me decía que lo único que importa es saber lo que se hizo, y que no vale la pena ponerse triste, de todos modos todo terminará pronto. Entonces me relajé, una bandera flameando al girar lo que queda de mi cabeza.. esos colores me traen recuerdos. Recuerdos de una patria que supo ser mía, y que pronto terminó con mi vida, con mis sueños, con los sueños de mis amigos, y no es sólo eso, es la muerte por nada lo que incrementa la impotencia de quien llegó al 83. El llanto que alimenta a la tierra, una tierra helada manchada de rojo, y el rojo de acá no es muy distinto al rojo de allá. Aquí no hay ganadores, no señor. Es sólo un pueblo triste, llorando a sus hermanos. Es el pueblo de la Tierra.

Esas lágrimas derramadas son el agua que hoy dan vida a estos nuevos brotes.

miércoles, 10 de marzo de 2010

La noche de los tiempos


Hay que ver. No podemos apresurarnos todavía, pero lo cierto, lo que se puede adelantar, es que al llegar veremos todo, todo sin el desorden, las camas tendidas, los pisos barridos, las ventanas brillantes para poder asomarnos y observar el sol de cada mañana, que todavía esta ahí, no se movió, intacto, vigilándonos. Y levito, ¡Por fin levito! Esa fuerza invisible que me eleva mientras mi coronilla se despega de mi cráneo y logro sentir como esos fotones salen a velocidades astronómicas hacia arriba, en donde se encuentran con los demás, que también, cada uno a su modo, llevaron hasta allí su pensamiento, y se funden como quien amasa para una torta de cumpleaños, el pastel más dulce que hayas probado en tu vida. Todo con una delicia que hace saltar tus lágrimas, ¿Qué era el dolor? No lo recuerdo... ya no siento mis piernas, apenas recuerdo en que posición estaban, pero yo ya no estoy más ahí, me dirijo nuevamente a la fuente, para bañarme en esas aguas, como las otras veces, beber un poco, tamizar los recuerdos y volver, ¡Pasé de grado mamá!

Esta vez seré argentino, sé que desde ahí se ve diferente, y es que con el cielo nublado pueden aparecer lluvias, tal vez tormentas, pero que lavan la ciudad, y le dejan ese aroma tan particular, oh dulce aroma a tierra mojada...cómo me gusta pasar por un parque en la mañana, cuando cortan el pasto, ese pasto tan verde como los ojos que me miran, ya no son verdes, van cambiando como un caleidoscopio lunar mientras todo comienza a girar otra vez y me encuentro llorando en las manos del doctor, que me separa del lazo que me une a mi madre, y me alza a la luz para poder observar mis ojos cerrados y mis puños de una pulgada. Más lunas y veo de cerca el camino del parque, con la nariz rota y mis glóbulos rojos cubriendo mi rostro. Las tortugas ninjas velan por mí esta noche, la noche de los tiempos que me transportan a mi antigua ciudad con sus pagodas que supieron ser mi hogar. Allí el Abad nos diciplinó con una rutina extraña, pero liberadora. Gracias, gracias por dejarme ese legado que no llego a recordar de manera precisa, pero que en algún espacio está, y aquí flota para aparecer con imágenes que trae esa música tradicional, que me trae también esos mensajes confusos como en una adivinanza que debo averiguar...¿Qué es Japón? Yo sé que alguien tiene la respuesta, aunque sospecho que esa persona no la sabe, lo cual lo hace más confuso aún. Quizás me llegue por otro lado, quizás sea otro ser, o algún lugar. La naturaleza debería decirme lo que en cierta forma ya sé, pero que tras mi último llamado me dejó dudas al tener ese sentimiento nuevamente, ¿Cómo describir un sentimiento? En teoría no es bueno, pero no puedo decir que sea malo, uno no siempre llora por tristeza o alegría, son los fines de los ciclos, pero es necesario para continuar.

Sólo espero que más lo logren, que abran los oídos porque se escucha, despertás en un recital súbitamente y ya la multitud te está llevando, pero atravesás la pared y caes en un pelotero 12 años atrás. Las risas histéricas te transportan a una caída que pareciera ser eterna, pero dura sólo unos instantes para llegar a la mesa de un bar, en donde ves a través de ojos que no son tuyos un vaso grande de cerveza negra, mientras el vapor de alcohol se va haciendo más y más espeso. Atravesando la niebla puede verse el bosque que te espera, que te llama, te llama por tu nombre. Ya en el claro puede escucharse esa dulce flauta que te hace flotar, las notas pueden verse, esas luces extrañas, y sigue su melodía que se mezcla con ese verde brillante que empalaga, la brisa suave y nada. Una luz. Es roja, rojo escarlata. Comienza a materializarse justo frente a tus ojos: es quien te guía. Finalmente se muestra en esa mezcla de materia y antimateria. No es el camino, son los pasos, y no son los pasos, es sólo el siguiente el que importa. Lo tatúa en mi frente, como un código de barras. Desde la séptima vértebra siento el tirón hacia atrás, me pide que regrese, agarro velocidad y vuelo. Los ríos, mares y bosques, una misma cosa. No hay tiempo para que mi vista separe los biomas. No hay tiempo.

Y mis ojos que se abren tras una bocanada eterna. Pronto se acercan y me asisten, el impulso de quien sueña que se cae. Me arreglan y sigo, sigo con el paso que tengo por delante, el más importante. Y a medida que camino me acostumbro y puedo correr y saltar, puedo bailar si quisiera y sentir el viento que me ayuda a levantar vuelo, a desplegar mis alas. Soy un pájaro.
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