martes, 28 de junio de 2011

Río Clown


La catarata de colores arrasó con todo lo que había a su paso. Puntos, comas, guiones, todo. Ni una sola letra quedó para describir desastre de tal magnitud. Aerosoles vacíos, soles con alas huecos. Cubos de pintura, pintura al cubo. Litros y litros de colores desperdigados por el campo. Mundo en blanco y negro. Mimos y reos inundan la ciudad, y más colores que fluyen en un río clown. Mar de carcajadas y océanos de soledad, la triste sonrisa del payaso reflejada en sus ojos. Blancos y negros en un mismo lugar, formando todo lo que queda. Monocromáticas ciudades con tintes grises, alegres. Tim Burton que espía y roba un par de locaciones. Me subo a sus hombros y le digo que me lleve a pasear. Paseo. Miro a mi alrededor para observar como Woody Allen lleva a mi vecino, como Emir Kusturica lleva a una hermosa mujer, saltando en la calle cual conejo de pascua. Mi hermana en su bus-Fincher casi choca contra Lynch, que iba vacío. "Duelo de Davids" pensé. Un pato se detiene a mi lado y entrecierra los ojos, como tramando algo.

-¿Qué sucede?- Pregunto.
-Shh, baja la voz - dice el pato - la gente con zancos está viniendo para acá.

Rápidamente me bajo y me tomo un Sofía Coppola hasta el margen del río. Si ellos quieren guerra, guerra tendrán. El tiempo se acelera y me encuentro mano a mano contra uno de los zanquistas. Antes que comience a galopar hundo mi mano en el río multicolor y lo tiño de verde. Mira la mancha de su remera con desprecio y arremete contra mi.

-¡Nunca me alcanzarás! - le grito mientras me arrojo al bote previamente preparado en presencia del presidente persa.

Remo con fuerzas asegurándome de salpicar rojos y azules a mi contrincante, quien se queda agitando en vano su puño derecho. Con sonrisa maniática sigo rumbo hacia la isla del chanta. Al llegar encuentro nobles vaqueros punks que saben hacer muy bien la vertical.

-Llegas justo a tiempo - me dice uno de ellos - estamos por empezar la competencia anual de verticales.

Genial. ¿Por qué nunca presté atención a mis clases de gimnasia en la escuela? Ahora seré el hazmerreir de esta comunidad anarcoperonista. Al llegar mi turno improviso una medialuna al escabeche con papas. "Esta es de Benedicto" les digo, pero su mirada de desconfianza y horror me avisan que es hora de correr nuevamente. Antes que cante un gallo me encuentro huyendo hacia Pueblo Persa. Un maniquí frena su auto y decide llevarme. Alivio. Las balas con tachas de los vaqueros punks no alcanzan el auto del maniquí que con gran muñeca logra esquivar los proyectiles.

-Oiga, don maniquí, ese que pasamos no es pueblo persa? - pregunto desconfiado.
-Nunca dije que te llevaría hasta allí - dijo con voz ronca el maniquí.

Entonces lo supe. Pasaría el resto de mis días encerrado en una vidriera, inmóvil, observando las compras de los ciudadanos de Maniq City.

jueves, 23 de junio de 2011

Tren que lauquen


Es un día de sol. El andén vacío, la tranquilidad de su alma se percibe fácilmente. Las vías serenas, conscientes del rol que tienen que cumplir. Yo solo estoy ahí, en paz. Me siento en uno de los bancos y respiro el aire matutino que renueva mis pulmones. Un ave se acerca y me invita a mirarla.

-Hermoso día - dice el ave.

La miro. Agacho la cabeza. Observo a mi alrededor y levanto la vista mientras asiento en silencio. El batido de las alas se funde con el sonido del tren, el humo corriendo detrás de la locomotora, tratando de alcanzarla. Al detenerse en el andén abre sus puertas de par en par. ¿Subiré?
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